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Religión - Práctica y paz interior

La práctica religiosa auténtica es desafiante, no alienante. No es un refugio cómodo donde se satisfacen los deseos personales ni un espacio de evasión emocional; es el lugar —interior y concreto— donde el ser humano se encuentra con su verdadera dimensión ante Dios. Ir a la iglesia, sentirse bien allí y, sin embargo, no vivir esa misma coherencia en los demás ámbitos de la vida resulta contradictorio. El Evangelio no fue dado para ser escuchado y archivado en un espacio simbólico o imaginario, sino para encarnarse en la cotidianidad, con los pies firmes en la realidad, allí donde se toman decisiones, se cometen errores y se ama de verdad. Por eso, la verdadera práctica religiosa no adormece la conciencia: la despierta. No evade el conflicto: lo ilumina. Desafía, enseña, orienta, transforma y restaura. Trae una paz que no es anestesia, sino fruto de la reconciliación interior; una paz que expulsa el temor, desarma los rencores y sana las angustias que nacen en las relaciones humanas. C...

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