Raíces infinitas
Eres el Dios de raíces infinitas,
mi Señor vive imbuido en la tierra,
en la magnificencia del cielo,
su alimento estaba presente
en el polvo primigenio del barro,
mi Dios, es un Dios creador.
La vida es creada desde el principio
del tiempo más lejano,
por su cálculo perfecto
en el desafío de ardientes estrellas.
Eres Dios que se manifiesta
en el ondulante colorido
de las auroras boreales.
Pero también
eres Dios que contempla
su creación a través de nuestros ojos,
que llora por la belleza
del despliegue multicolor
de la existencia física,
esa que día a día,
en mínimas proporciones
sostiene grandes acciones.
No eres Dios etéreo
muchos menos un Dios extraño,
aunque Tus mandatos
traspasen todas las fronteras,
eres Dios que alumbra en el corazón,
como fuente de bondad y amor.
Eres oxígeno y pulmones,
fuego y luz,
sol y cavernas oscuras,
latidos y corazón,
acción y músculos,
cielo y tierra,
autoridad y libertad,
voluntad y pensamiento.
Eres carne, eres presente,
estás ahora, en quien
escucha atento tu voz,
en quien mira su interior,
en quien percibe
en la oscuridad de la noche,
tus brazos profundos
brindando protección.
Eres infinito, tu raíz
se hace flor, fruto,
y sobre todo labor.
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